Eleanor Roosevelt. La feminista que cambió el mundo

Eleanor Roosevelt fue una de las personalidades más notables del siglo XX, y posiblemente la mujer que, desde cargos institucionales, más influencia tuvo en la vida pública antes de la revolución feminista de los años sesenta.

Nacida en una familia aristócrata de Nueva York, vivió una infancia y una adolescencia marcada por la pérdida de sus padres. Se casó con el que luego sería el presidente norteamericano más importante del siglo XX, Franklin D. Roosevelt, y unas veces junto a él, la mayor parte sin él, se erigió en un paradigma de primera dama, omnipresente y con sus propias prioridades: las mujeres, los desfavorecidos, la gente de color. La cumbre de esta trayectoria, ya tras la  muerte de su esposo, fue su papel como principal impulsora de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, en 1948.

Eleanor Roosevelt desarrolló su propio tejido de relaciones, sin miedo a los convencionalismos, y mantuvo durante muchos años una amistad teñida de sentimientos amorosos con la periodista Lorena Hickok.

Hillary Clinton la considera una modelo, y en varias ocasiones ha relatado lo que llama sus  “conversaciones con Eleanor”, charlas que mantiene en mente con ella para analizar todo tipo de problemas.

En esta biografía de referencia, J. William T. Youngs sumerge al lector en los vaivenes dramáticos de una vida llena de altibajos y en la que se reproducen, a gran escala, muchos de los grandes dilemas a los que puede enfrentarse una mujer. Una lectura sin un ápice de sensacionalismo, pero que conmueve desde las primeras páginas.

“Ella, siempre inquieta, interesada por el mundo en el que vivía, sensible a las injusticias, desolada por la gran depresión y por las dos guerras mundiales que le tocó vivir… utilizó su posición no para encerrarse, como podría perfectamente haber hecho, en una torre de marfil de recepciones, alta costura y ramos de flores, sino para intervenir en el mundo, mediante ruedas de prensa, artículos de opinión, docencia, participación en acciones benéficas y acción política y diplomática. [...] Eleanor Roosevelt constituye sin ninguna duda un gran modelo político y humano. Especialmente para las mujeres. Porque supo hacer grandes cosas por sí misma, sin pagar los precios desgraciadamente habituales que son la soledad, la marginación, el enfrentamiento con los hombres…. Un ejemplo, quizá no muy fácil de seguir, pero enormemente estimulante.” Laura Freixas

J. William T. Youngs es profesor de Historia de Estados Unidos en la Eastern Washington University y autor de diversos estudios de investigación sobre la época colonial y los inicios de la democracia norteamericana. Su obra más difundida es la serie American Realities: Historical Episodes from the First Settlements to the Present, que le sirvió para modelar un nuevo tipo de narrativa histórica que combina las técnicas evocadoras de la ficción con la investigación académica. En esta frase resume su propósito: “Quiero contar las historias de la historia como si estuviera sentado al lado del fuego entre amigos”.

“A veces, Eleanor mostraba a David Gurewitsch el lado oculto de su personalidad. Salían a dar largos paseos por las noches, y Eleanor le revelaba sus penas y ansiedades. Receptivo a sus necesidades, David la ayudaba a recuperar el equilibrio desde el cual se dirigía al mundo. Pero en esos paseos su desesperación era tan grande que a veces casi parecía suicida: “Detrás de la tranquilidad”, escribió Eleanor, “se oculta la infelicidad conquistada”. Podría haber añadido que la infelicidad nunca llega a superarse del todo.

Y sin embargo, la vida de Eleanor fue ciertamente un triunfo. La sensibilidad que transmitió al mundo había sido el sello de su familia desde hacía tres generaciones. El abuelo, Gran Corazón, había practicado a escala local una forma tradicional de filantropía, dotando de recursos un hospicio para repartidores de periódicos y un gran museo. El padre y el hermano de Eleanor habían sido tan compasivos como Eleanor, pero carecían de la dureza necesaria para dejar su impronta en el mundo. El tío Ted había aprobado leyes pensadas para mejorar la suerte del estadounidense medio, pero el héroe de San Juan no era conocido por su calidez. Qué ironía que el hombre que dijo “habla bajito y lleva un palo grande” recibiera un premio Nobel de la Paz por fomentar las negociaciones que pusieron fin a la guerra ruso-japonesa, pero no su sobrina, que fue el ser humano que más se lo mereció en el siglo XX. Más que nadie en el extraordinario clan, Eleanor se merecía el apodo de Gran Corazón.”

Eleanor Roosevelt. La feminista que cambió el mundo
J. William T. Youngs
Páginas 312 | PVP 19 €
Ed. LibrosdeVanguardia

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Dossier de prensa “Eleanor Roosevelt. La feminista que cambió el mundo”